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The END. Los finales de David Fincher

ARCHIVADO EN: Movie Guy, The END


Las películas de David Fincher no sólo tienen en común su fijación por callejones oscuros y personajes perturbados y obsesivos, sino que otra de las marcas típicas de la fábrica Fincher son sus finales. Ya sea para bien o para mal, un final Fincher casi nunca deja indiferente. En su ópera prima, Alien 3, empezó pegando fuerte y se cargó a nada más y nada menos que una de las más grandes heroínas de la historia del cine: la teniente Ripley. La verdad es que a pesar de que era una peli bastante aceptable, y que Fincher supo darle una buena muerte a Ripley, la trascendencia de ese momento y el carácter mesíanico que quiso darle al personaje no fue todo lo satisfactorio que debiera, así que tampoco nos extrañó mucho que unos años después, Sigourney Weaver renaciera de sus cenizas.

Pero lo mejor estaba por llegar, al fin y al cabo Alien 3 no era más que una película de encargo, y tres años después, David Fincher rodaba uno de los mejores finales de la historia del cine.

Así de simple. El final de Se7en es una auténtica maravilla, es la guinda que conseguía convertir a un estupendo thriller en un indiscutible clásico moderno. ¿Cuántos finales hay en la historia del cine tan crueles como el de Se7en y que aún así resulten tan "satisfactorios" para el espectador? Muy pocos, poquísimos, por no decir ninguno. Lo que hace inolvidable al final de Se7en, más allá de lo treméndamente trágico y terrorífico que es, es lo paradógico que resulta. El 99,99% de las veces el espectador quiere que el malo pierda, pero en Se7en, no es así. Si el detective David Mills mata a John Doe, gana el malo porque así consigue justo lo que busca: acabar su enfermiza "obra psicópata"; aún así el espectador quiere que lo mate. Un final magistral para un guión perfecto que Fincher supo realzar en imágenes.


Y después de esta maravilla: El infierno. Uno de los peores finales de la historia del cine, el de The Game. Una tomadura de pelo mayúscula, el ejemplo perfecto de las maldades del Deus ex machina, de arreglar todos los líos argumentales por la vía rápida: "Todo fue un sueño", NO. PEOR: "Todo era una broma". Y encima se presentaba de una forma tan abracadabrante, tan difícil de tragar, que simplemente quedaba mandar a tomar por culo a Fincher, a sus guionistas, y a la madre que los parió. ¿Os acordáis?: "Te estabas convirtiendo en un gilipollas". Infumable. Tan malo, tan malo, que no voy a postear el vídeo. Si os apetece recordarlo, pulsad aquí.



Afortunadamente, cuando Fincher nos da una de cal, acto seguido suele darnos una buena palada de arena, y gracias a El club de la lucha consiguió redimirse del tremendo descalabro que fue The Game. Y aunque en un principio el final de El club de la lucha fue bastante controvertido, según ha ido pasando el tiempo, incluso a sus detractores cada vez les parece menos tramposo y sí más inevitable. Y es que después de ese giro final en el que se descubre la verdadera identidad de Tyler Durden, Fincher decide acabar El club de la lucha con un plano que resulta perturbadoramente bello, genialmente acompañado de Where Is My Mind de los Pixies, y con la frase perfecta para acabar de coronarlo todo: "Me has conocido en un momento extraño de mi vida". Grande.



Y después de un final tan apocalíptico, y como ya venía siendo habitual en la filmografía de Fincher, le tocaba bajar un poco las revoluciones. La habitación del pánico fue una buena película de suspense, quizá algo convencional tratándose de Fincher, pero con un argumento que no desentonaba en su filmografía. Una peli a la que sólo se le exigía que acabara bien, con algún que otro giro final que le añadiera tensión a los últimos minutos, pero que los buenos consiguieran ganar. La redención final del personaje de Forest Whitaker podría sobrar, pero tampoco molesta. El final más convencional de Fincher.



Después de La habitación del pánico, David Fincher corría el peligro de acomodarse en la posición de excelente director de thrillers. Afortunadamente no fue así, y después de cinco años volvió por todo lo alto con la excelente Zodiac; su película, aparentemente más clásica. Una película que relataba la historia real de una interminable investigación sobre un asesino en serie. Tan interminable que la película se puede decir que no acababa la historia, sino que la abandonaba. Después de haber probado casi de todo en los diferentes finales de sus películas, Fincher se decidió por el no-final para acabar Zodiac. Frustante para muchos, genial para otros tantos.



Ahora que parece que Fincher ya ha entrado en su madurez como cineasta: ¿qué nos deparará el final de Benjamín Button? No tengo ni idea, pero estoy ansioso por comprobarlo.

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