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Crítica. 'The Visitor'

ARCHIVADO EN: Drama, Independiente, Críticas, Movie Girl

Las listas de nominados a los Oscar están llenas de grandes nombres asociados, generalmente, a un escaso puñado de películas, las elegidas del año. Sin embargo, entre ellos suele colarse siempre alguna actriz, algún actor, algún guionista, de alguna película pequeña, que hacen que nos interesemos de inmediato por ellas, porque conseguir entrar entre los elegidos sin golpe de talonario es sinónimo de un trabajo excelente. Este año ha sido el turno de Melissa Leo, nominada como Mejor Actriz por Frozen River y de Richard Jenkins, candidato a Mejor Actor por The Visitor.

Y... ¿qué película es The Visitor? Casi hubiera pasado desapercibida si no hubiera sido por la nominación de Richard Jenkins, al que vemos tocando el yembé en un banco de un andén del metro...



¿Qué demonios hace un hombre de esta edad, vestido con pantalones de traje y una pulcra camisa tocando el yembé en el metro como si fuera un africano? Pues esto es lo que descubriremos a lo largo de esta película. Jenkins interpreta a Walter Vale, un profesor universitario que ha perdido su vocación en un lugar muy profundo, viudo, aburrido y bastante poco interesante... hasta que hace un viaje a Nueva York y se cruza con una pareja de inmigrantes que se han instalado en su apartamento durante su ausencia. A partir de ahí, se le abre el mundo.

A falta de algo mejor que hacer, se deja llevar por la juventud y la alegría de Tarek (Haaz Sleiman), un sirio cuya pasión es la música. Walter, para el que la única música era la clásica y el instrumento por excelencia el piano, descubre en la percusión africana un nuevo ritmo y una nueva melodía. Su mujer había sido profesora de piano y él se había descubierto sin ninguna habilidad para tocarlo y, sin embargo, se sorprende a sí mismo coordinando sus manos contra la piel del yembé, y se siente mejor que nunca. Hasta se atreve a tocar con los africanos en Central Park.


The Visitor resulta ser una maravillosa fábula sobre la convivencia entre diferentes culturas. Las vidas de un norteamericano blanco, de una senegalesa y de un sirio y su madre se entrecruzan en el que quizás sea el episodio más importante de sus vidas, y la necesidad y la voluntad hacen que los posibles problemas de la diferencia de creencias, religiones, colores de piel o costumbres ni siquiera se planteen.

Lamentablemente, quien sí lo tienen en cuenta es el Estado, sobre todo el departamento de inmigración, y la realidad entra de pleno en esta pequeña isla humana.

El director y guinista, Tom McCarthy, continúa en la misma línea que en su primera película, Vías cruzadas, entremezclando seres humanos antagónicos, con dificultades y solitarios, para explorar las relaciones que pueden surgir entre ellos y nos ofrece otra gran película, sencilla y sin alardes, pero de gran belleza y emotividad, quizás sin la frescura de su primera obra, sin la parte de comedia que tenía aquella, pero con más madurez. ¿Tendremos que esperar otros cinco años para ver la siguiente o la nominación de Richard Jenkins le dará un empuje a su carrera como director?

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