Crítica. '¡Disparadme!' La grandeza de Omar Sharif
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Es extraño que ¡Disparadme! haya llegado a estrenarse en España. Puede que el motivo obedezca a un renovado interés por su actor más destacado, Omar Sharif, que en las últimas semanas ha psado por el festival Cines del Sur y también por Asturias, donde ha sido objeto de una retrospectiva organizada por el Centro Niemeyer. En este caso, podemos decir que la persona ha superado al personaje, e incluso a la película entera.
¡Disparadme! es el proyecto de toda una vida de su director, Lamberto Lambertini, un pintor metido a cineasta que ha realizado varias películas experimentales y este es su segundo largometraje. Omar Sharif confesó -en su encuentro con el público en Asturias-, que había trabajado gratuitamente en este título por varios motivos, uno era su adoración por Nápoles, ciudad en la que transcurre el film, y otro era que trataba sobre una de sus palabras favoritas: la gentileza.

En el 62º Festival de Cine de Venecia, ¡Disparadme! recibió el Premio a la mejor película a favor del diálogo entre culturas. Había motivos. La película tiene como héroe a Joaquín Murat (Zoltán Rátóti), una especie de rebelde de Napoleón que, una vez instaurado en el trono napolitano, trató de instaurar la paz mediante la diplomacia y no gracias a la guerra, y como protagonista a Eugenio (Massimiliano Varrese), otro francés enamorado de Nápoles y de marcado carácter antibelicista.

El Ministerio de Cultura italiano la reconoció como Película de Interés Nacional. Su carácter histórico y el ensalzamiento de la ciudad de Nápoles han sido mérito suficiente.
No creo que nadie dude de que un pintor sea capaz de realizar una película de imágenes bellísimas. ¡Disparadme! lo es. Es cierto que su principal argumento es la convivencia pacífica y la integración de las culturas. Es verdad que esta película tiene un interés nacional para los italianos. Lo que ya es más dudoso es que tenga un interés cinematográfico para el público.
¡Disparadme! peca de ser excesivamente poética, de primar la belleza sobre la acción, y la afectación sobre la fluidez. En cierta manera, la poesía y la belleza expulsan al espectador de la trama, y los hechos pretenden justificarse por sí solos sin lograrlo. Pero si hay algo que levanta la película, alguien que llena la pantalla en cuanto aparece, ese es Omar Sharif, que vuelve a ser el viejo de espíritu abierto y tolerante de El señor Ibrahim y las flores del Corán, con esa grandeza de las estrellas de Hollywood de otra época que, hoy en día, ya pocos conservan.
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Comentarios de los usuarios (Página 1 de 1)
Jul 1st 2009 @ 7:32PM
Humberto ha dicho...
Una pelıcula emocıonante. Toda una rareza cınematografıca que logro conmoverme cuando la vıe en el festıval de Asturıas con la presencıa del actor. La recomıendo a cualquıer amante del cıne hıstorıco.
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