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Crítica. 'Despedidas (Departures)'

ARCHIVADO EN: Comedia, Drama, Críticas, Movie Girl, Cine Asiático, Cartelera



Llevaba tiempo preguntándome quién le había podido arrebatar a Vals con Bashir el Oscar a la Mejor Película de Habla no Inglesa. Y aquí está. Se trata de Despedidas (Departures), la tercera película oriental sobre la muerte que llega a nuestras carteleras en menos de un mes -tras Secret Sunshine y Still Walking. Resulta, además, la más accesible de todas ellas.

No sé si Despedidas es mejor que Vals con Bashir, pero desde luego es más amable y encaja más dentro de la relativa permisividad que la Academia concede a las películas de la categoría. También es más "occidental" que muchas de las películas que nos suelen llegar de oriente. Mas occidental en su ritmo y también en su concepción de la vida. Que la primera música que suene sea la Sinfonía Nº 9 de Beethoven, Himno de la alegría y de la Unión Europea, ya nos hace pensar que la película ha sido realizada con vocación intenacional aunque, al margen del Oscar, haya pasado bastante desapercibida.


Yohiro Takita nos ofrece una película sorprendente, un diálogo entre la vida y la muerte que tiene como protagonista a un violoncelista mediocre que, ante la repentina disolución de su orquesta, debe replantearse la vida y se va con su mujer a su pueblo natal a buscar un nuevo empleo. El trabajo que encuentra no puede considerarse habitual: se dedicará al nôkan, una práctica consistente en preparar cuidadosamente los cadáveres para meterlos lo más bellos y apacibles posible en su ataúd. De manera extraña, el protagonista encuentra en este peculiar empleo una suerte de entendimiento de su propia vida y se reconcilia consigo mismo.

La principal brillantez de Despedidas es la capacidad de su director de hacer pasar al espectador de la risa a la compasión en tan sólo un segundo. No es sólo que salpique un drama con elementos de comedia o viceversa, es que Takita ha logrado encontrar un equilibrio perfecto entre ambos estados de ánimo, introduciendo incluso algunos toques de humor negro que, si no fueran tan delicadamente orientales, rayarían en lo grotesco. Pero Takita consigue hablar con ternura y sensibilidad lo mismo del ano de un cadáver que de la transexualidad de un finado.

Un pollo crudo y troceado, un pulpo vivo, un salmón muerto que flota a la deriva o un ganso que emprende el vuelo... la vida y la muerte se suceden con una naturalidad pasmosa, y al final resulta que son lo único capaz de unir verdaderamente a los seres humanos y de permitirles expresar sus verdaderos sentimientos. Y eso no es ni oriental ni occidental, sino universal, como esta película, que narrada de manera magistral, con un ritmo sostenido y, sobre todo, con originalidad y frecura, se convierte en la mejor opción de la semana para los amantes del buen cine.


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