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Crítica. 'Año uno'

ARCHIVADO EN: Comedia, Críticas, Movie Girl, Cartelera


Harold Ramis lleva ya tiempo escribiendo comedias, y su carrera ha tomado varias direcciones diferentes. Con su trabajo en el guión de Cazafantasmas y su intepretación del doctor Eron Spengler se las arregló para dejarle espacio suficiente a Bill Murray para que se luciese dentro de los confines de un taquillazo de verano lleno de efectos especiales. Con la meticulosidad y la artesanía del ya clásico El día de la marmota podría decirse que consiguió escribir una película casi perfecta, y luego vinieron Una terapia peligrosa y su secuela, que dependían demasiado de la trama para resultar graciosas.

Ahora nos llega su nueva película, y la última hasta la fecha, Año uno, que está más cercana al espíritu de su debut como director, Caddyshack, y no porque sea tan divertida ni tan brillante, pero tiene el mismo tipo de humor. No se preocupa demasiado del argumento ni de dibujar a sus personajes, ni tampoco del rigor histórico; es un poco floja y descuidada, pero igualmente despreocupada, y tiene la habilidad de hacer que bajes la guardia y te rías de sus tonterías.



Jack Black es Zed, un cazador bastante inepto de una tribu primitiva. Su mejor amigo es Oh (Michael Cera), que lleva toda la vida soportando bromas sobre su femineidad. Zed está enamorado de Maya (June Diane Raphael) y Oh de Eema (Juno Temple), pero ninguno de los dos tiene gran cosa que ofrecerles a las chicas. Así que cuando Zed come el fruto del árbol prohibido y tiene que irse, Oh se va con él -y Zed se cree que ha sido "elegido". En su primera parada conocen a dos hermanos que discuten constantemente, Cain y Abel (David Cross y Paul Rudd), y ven como Cain aporrea a su hermano hasta matarlo. Se convierten en fugitivos, luego en esclavos, escapan, se encuentran con Abraham y evitan que sacrifique a su hijo, y terminan en la ciudad de pecado, Sodoma, para rescatar a las chicas.

Año uno comienza con unos minutos super serios en plan Apocalypto, con las tribus de cazadores acechando a su presa en la selva, antes de que aparezca el personaje de Zed y establezca el tono general de la película. Básicamente, todos hablan el mismo idioma, en una versión absolutamente contemporánea en la que se permiten palabrotas y expresiones de slang, y también hay referencias a inventos de la era moderna. El objetivo de todo esto es que los dos muchachos maduren y sean capaces de conquistar a sus amadas, pero la película no nos deja parar de reirnos en todo este recorrido. Se incluyen chistes escatológicos y sobre los órganos genitales masculinos de lo más típico que hacen poca gracia, y se han eliminado los chistes sexuales para poder llegar a más pantallas en Estados Unidos.

Y la razón por la que sí funcionan la mayor parte de los gags es Jack Black. Como le sucedía a Murray en Cazafantasmas o a Will Ferrell en sus mejores películas, Black ha descubierto la manera de que parezca que improvisa sus líneas de guión a su manera, y esa manera es algo difícil de definir: es chulo y seguro, pero ni arrogante ni autoritario. Es incompetente, pero sin llegar a ser inútil. No para de hablar, pero no resulta molesto. Sus momentos más divertidos parecen tanto la creación de un entusiasta niño de diez años como de un ingenioso guionista. Parece como si muchos otros actores cómicos estuvieran intentando imitar el estilo de Jack Black, pero ninguno llega a lograrlo.

Sin embargo, en Año uno, Black está rodeado de otros muchos actores bastante comententes: Michael cera tiene un aire parecido, aunque es más dulce y tranquilo, y se convierte en su pareja ideal. Ramis hace del padre de Cain y Abel, Adán, y Hank Azaria -que parece capaz de imitar cualquier acento o cualquier voz- es Abraham, un obseso con circuncidar a todos los hombres. Oliver Platt está muy gracioso en su papel de sacerdote lujurioso y afeminado, y Cross construye un Cain bastante llamativo. También está el gran Vinnie Jones, que hace de guarda de seguridad de un estadio de fútbol. Y para redondear el pedigrí de esta comedia tenemos a otrso dos guionistas, Gene Stupnitsky y Lee Eisenberg, y a Judd Apatow de productor.

Al final, la película se cierra con un bloque de tomas falsas, que nos dejan ver lo bien que se lo pasaron rodando, y que nos hacen seguir riéndonos otro rato.

Traducción de la crítica publicada por Jeffrey M. Anderson en cinematical.com

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