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Crítica. 'Ágora'

ARCHIVADO EN: Drama, Críticas, Movie Girl, Cartelera, Cine Histórico


Para algunos, el nombre de Alejandro Amenábar despierta un interés instantáneo. Después de Tesis, Abre los ojos, Los otros y Mar adentro, ha cogido por banda a Rachel Weisz, Max Minghella y Oscar Isaac para una película que no habla de la reconstrucción facial, ni de fantasmas, ni de la eutanasia, sino que es una historia épica, ambientada en Roma que pretende hacernos reflexionar.

Ágora se centra en una de las más importantes figuras femeninas de la Historia, Hipatia, una pensadora fundamental en la Alejandría gobernada por los romanos, que ha sido considerada como la primera mujer matemática de la que se tiene constancia. Estudió filosofía, astronomía, y gentes de todas partes y todas religiones iban hasta Alejandría para estudiar con ella. También era una mujer de una dignidad extraordinaria, lo que hacía que los hombres la admirasen más aún.

La película arranca en el año 391 d.C. En Alejandría, las calles son escenario de violentas revueltas religiosas, los cristianos van ganando poder, y hombres como Ammonius (Ashraf Barhom) pronuncian grandes discursos y escenifican milagros para convencer a los plebeyos. Mientras tanto, dentro de los muros de la biblioteca, Hipatia lucha para extiguir la confusión religiosa de sus estudiantes y, al mismo tiempo, para mantenerse alejada de su interés romántico. Su esclavo Davo (Max Minghella) está enamorado de ella, pero no se lo puede decir, mientras que su alumno Orestes no pierde oportunidad de hacerle conocer su amor por ella, incluso después de algunos desaires.

Cuando matan a un romano durante uno de los discursos de Ammonius, en una prueba del poder divino, todo cambia, y se abre una corriente sin fin de violencia desesperada. Las dos partes luchan, cada una tiene su propio motivo de desperación: mientas los cristianos quieren ganar poder frente a los paganos, estos quieren mantener el suyo, y ambos se creen con demasiados derechos como para hacer concesiones. La muerte de los líderes romanos conduce a arroyos de sangre en las calles y, finalmente, a la destrucción de la biblioteca y todo el conocimiento que atesora en su interior, como muy bien sabe Hipatia. Incluso Davo la abandona para unirse a Ammonius.

Años más tarde, la batalla continúa. Sin embargo, ahora todo el mundo, incluído Orestes, se ha convertido al cristianismo. Las luchas religiosas se centran en los judíos, incluídas mujeres y niños. Los derechos de Hipatia y su influencia política ya no son lo que eran, y esto deviene en un final horrible y descorazonador. Sobre el papel es peor que en su adaptación a la pantalla, pero no se puede evitar una punzada en el estómago.

Sería fácil decir que es una película anticristiana, pero eso sería simplificar mucho las cosas, y además ser inexacto. Más allá del deseo de Hipatia de que todas las religiones convivan pacíficamente, ninguno de los dos bandos es completamente bueno o malo. Tanto los paganos como los cristianos tienen sus momentos de honor -la búsqueda del conocimiento de unos y la preocupación por las masas de los otros-, pero también tienen su parte de violencia atroz, y ese es el balance que conduce la película.

El diseño de producción, la fotografía... todos los aspectos técnicos son grandiosos, la historia de Hipatia y la caída del Imperio Romano están perfectamente balanceadas... La magnificencia de la película y el sentimiento épico no se mezclan con la historia personal y eso es un punto muy a favor de la película. Ágora no es Troya ni Alejandro Magno, títulos en los que el espectáculo se come al argumento. Ágora deja de la Historia hable por sí misma, y se convierte en una potente mirada al pasado al mismo tiempo que puede leerse como una lección para las civilizaciones de hoy en día, de un mundo fragmentado por la intolerancia religiosa y la búsqueda del poder supremo.

Y más remarcable aún es la caracterización del personaje de Hipatia. Una y otra vez, Hollywood ha conseguido que hasta los personajes femeninos más fuertes y épicos se hayan visto reducidos al romance y a la persecución de las metas metas estereotípicas, pero Alejandro Amenábar y Mateo Gil se mantienen fieles a lo poco que se sabe de Hipatia. Es cierto que han añadido subtramas románticas, pero los retazos de pasión vienen de los hombres. No vemos a Hipatia desvanecerse con una mirada amorosa, esos momentos estan reservados a Davo y Orestes. Ella está enamorada, desde el principio hasta el final de la película, del conocimiento y la sabiduría, y de nada más.

La insistencia en el pensamiento y el intelectualismo será, probablemente, el escollo con el que esta película se encontrará para convertirse en un taquillazo internacional. Pero hay pocas películas que lleguen más al corazón, con su exploración del fanatismo y el miedo, y lo ridículo de ese pensamiento de que la inteligencia femenina es un peligro. Es inspiradora.

Traducción de la crítica publlicada por Monika Bartyzel en cinematical.com

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