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Crítica. 'Moon'

ARCHIVADO EN: Ciencia Ficción, Movie Girl, Cartelera

Moon, el debut en la dirección de Duncan Jones, se abre con una pieza propagandística que explica como, en un futuro cercano, se producirá energía limpia gracias a un gas extraído de un mineral lunar que se encuentra en la cara oscura del satélite. Sam Rockwell interpreta a Sam Bell, que regenta una estación recolectora del gas, con la única ayuda de GERTY, una especie de HAL 9000 a la que da voz Kevin Spacey.

El contrato de tres años de Sam está a punto de acabarse, sólo le quedan dos semanas. Las comunicaciones por satélite fallan, así que Sam ya no puede hablar con la Tierra, ni con sus jefes, ni con su mujer. Pero Sam es un ex-minero, y ya está acostumbrado a situaciones difíciles.




Moon evoca muchas cosas: la naturaleza humana, la naturaleza de las relaciones entre empleador y empleados, las posibilidades de que el futuro sea como hoy en día... Con todos los artilugios de control remoto, su impecable diseño visual y el impactante resultado final que consigue Clint Mansell, Moon se reduce a un hombre solo hablando consigo mismo en medio de su soledad, diciéndose unas cuantas mentiras y abriendo los ojos ante unas cuantas verdades. Sam Bell es la única persona en decenas de miles de kilómetros a la redonda, no tiene a nadie con quien interactuar, y buena parte de la dificultad de su situación se entiende gracias a los efectos especiales que apenas le dejan nada con lo que trabajar en el rodaje.

La mayoría de los críticos de Moon se las han visto y deseado para no desvelar su giro argumental -cosa que nosotros intentaremos evitar también-. Lo que sí puede decirse es que Moon es más que una película que pueda definirse por su giro. Moon se guarda un as bajo la manga, sí, pero cuando sacamos el as de debajo de la manga y los miramos ambos, nos quedamos pensando en qué significa exactamente. Duncan Jones (que a pesar de su cambio de apellido no es otro que el hijo de David Bowie) ha hecho una película de ciencia ficción, pero que no tiene que ver con aliens sino con sentirse alienado, que no tiene que ver con las tecnologías futuras sino con la gente que tiene que vivir con ellas y manejarlas.

Hay reminiscencias de otras películas y de otros directores en Moon: la seriedad de las películas de los años 70 como Naves misteriosas, el espeluznante aislamiento y las visiones de Solaris, el gélido futurismo de 2001, la brusquedad de David Mamet, el tono y la técnica de David Cronenberg. Pero también es una película muy personal. El diseño de producción no sólo es impecable, sino que además está muy bien pensado. Cuando vemos por primera vez el terminal de GERTY que sigue a Sam a través de la base con la cámara y el teclado, por ejemplo, hay un post-it justo debajo de la lente, y en un punto Rockwell baila como un demente "Walking in Sunshine" de Katrina and the Waves. Es el futuro, pero no un futuro muy lejano, Sam Bell puede estar recogiendo la energía del mañana, pero también tiene un trabajo temporal, algo que tiene varias lecturas.

Lo que consigue Clint Mansell es captar el latido de la vida, rellenando las desnudas visiones de la película con una energía y uno tono que nunca llega a ser molesto ni discordante. Duncan Jones se marca un par de planos con truco y con mucho estilo, pero nunca están dentro de la historia, ni siquiera por encima de ella. Y la de Kevin Spacey resulta quizás una voz demasiado familiar para el papel de GERTY -sabes que es él, y eso distrae-, pero incluso así, el director y el guionista, Nathan Parker, ofrecen lo que cabe esperarse de esta relación entre hombre y máquina, y la desarrollan en direcciones muy interesantes. Y repetimos, Moon tiene un giro argumental, pero de esa clase de giros que resultan bien, que interrelacionan el tono de la película, los personajes, el argumento, las ideas...

Rockwell, mezclando escenas emocionales con trucos efectitistas, también brilla. Incluso en las circunstancias más extremas e improbables da una sesación de humanidad y cercanía, sus observaciones cotidianas tienen una energía única y un poco descabellada. Rockwell se enfrena a desafíos interpretativos duros, pero no parece que le resulten problemáticos: es capaz de hacernos reir a la vez que nos rompe el corazón. Moon es una película brillante, que te deja pensando en ella, y en una época en la que la mayoría de las películas de ciencia ficción las hace gente que no respeta la ciencia ni la ficción, este debut de Duncan Jones es una gran noticia.

Traducción de la crítica publicada por James Rocchi en cinematical.com

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