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Crítica. 'Un lugar donde quedarse'

ARCHIVADO EN: Comedia, Drama, Independiente, Críticas, Movie Girl, Cartelera


Resulta reconfortante ver una película sobre una pareja que no trata sobre sus problemas de pareja. Resulta reconfortante ver en la gran pantalla a un hombre y a una mujer que no discuten, que no se ponen los cuernos y que no son egoístas. Si por el cine fuera, creeríamos que esas cosas habían desaparecido hace mucho tiempo. Verona (Maya Rudolph) y Burt (John Krasinski) son una sólida pareja de treintañeros que viven felizmente una vida de calma y, de pronto, descubren que ella está embarazada.

Su mundo se derrumba cuando los padres de él deciden emigrar a Bélgica durante dos años, y ellos se quedan sin lo único que les ataba al lugar donde vivían. Ante la inminente llegada de su bebé (faltan sólo tres meses), necesitan tener a alguien al lado, y emprenden un viaje por varios puntos de Estados Unidos tratando de recuperar lazos con amigos y parientes en busca de un lugar donde quedarse para siempre.


No es el argumento ni el tipo de película que esperaríamos de Sam Mendes, sobre todo después de Revolutionary Road, un dramón en toda regla trazado para colocarse en las candidaturas de los premios importantes. Un lugar donde quedarse es una película sencilla, de corte independiente, con actores que no son grandes estrellas y sin momentos lacrimógenos.

La película es una pequeña lección sobre la vida en clave de road movie. A lo largo de las etapas de su viaje, Burt y Verona se van interrelacionando con familias diferentes y comprendiendo que no encajan con ninguna de ellas. Lo cierto es que una se pregunta cómo demonios alguno de los que sale en la película, sobre todo la antigua jefa de Verona y la prima de Burt y su marido, pudieron configurarse como posibilidades. Hippies extremos, hermanas melancólicas, mujeres deslenguadas... el elenco es del todo estrafalario y estereotipado, incluso sus amigos de la facultad parecen una versión de clase media de Brad Pitt y Angelina Jolie.


Lo variopinto de los personajes a los que visitan le confiere a Un lugar donde quedarse la parte dulce de la comedia. La parte agria de la historia nos la encontramos en la desorientación de los protagonistas, sin raíces en el mundo y con las crisis habituales de quienes se enfrentan a un cambio tan importante en sus vidas como es el hecho de ser padres por primera vez.

Sabemos que lo superarán, porque su relación es sólida y no hace aguas. Burt y Verona son una familia perfecta, un oasis en el mundo por el que transitan. Y nos conducen por una película divertida, que nos arranca alguna que otra carcajada y también nos deja con una sonrisa en la boca al comprobar que las buenas relaciones también existen.

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