Actrices y actores han hecho de todo para lograr parecerse más a los personajes que intepretan, han engordado, adelgazado... se han transformado tanto que, a veces, ni siquiera resultan reconocibles. Y en muchas ocasiones, eso hasta les ha valido el Oscar.
Volverse feo No hay nada que llame más al Oscar que un actor o actriz super atractivo convertido en alguien horrible.
Charlize Theron ya lo ha hecho dos veces, una para
Monster y otra para
En tierra de hombres, y consiguió la estatuilla por su papel de Aileen Wournos, en que resultaba difícil reconocerla.
Esta temporada,
Mariah Carey hará lo propio. La mujer lo sigue intentando y tratará de que nos olvidemos de
Glitter disfrazándose para un papel en
Precious, algo que podría dar un giro a su carrera.
Halle Berry ganó un Oscar por su intento de ser fea en
Monster's Ball, pero aquí no había manera de esconder que, en realidad, estaba muy buena. A veces exagerar el maquillaje, o no ponérselo, no es suficiente, y hay que hacer un esfuerzo extra, como por ejemplo a
Nicole Kidman en
Las horas, que también se llevó el Oscar por ponerse una nariz del tamaño de la estatuilla.